
El transporte marítimo global recibió un golpe de realidad el 21 de abril de 2026. El Mærsk Mc‑Kinney Møller Center for Zero Carbon Shipping publicó un informe que posiciona al e‑methane como combustible alternativo viable, aunque con un costo entre 4,5 y 5 veces superior al fuel oil bajo en azufre. La paradoja es brutal: un combustible que puede aprovechar la infraestructura existente de GNL, pero que expone al sector a un riesgo climático aún mayor si no se controla la fuga de metano.
“El e‑methane puede ser desplegado rápidamente porque la infraestructura ya está ahí”, señalaron los investigadores del centro. Sin embargo, advirtieron que las fugas de metano —un gas con un potencial de calentamiento global 80 veces superior al CO₂ en 20 años— podrían convertirlo en un retroceso ambiental disfrazado de innovación.
Ventaja operativa frente a riesgo crítico
La industria ve en el e‑methane una ventaja inmediata: compatibilidad con motores dual fuel y terminales de GNL ya instalados. Esto reduce costos de transición y acelera la adopción. Pero el informe alerta que, sin un marco regulatorio estricto, las fugas podrían neutralizar cualquier beneficio. “No basta con tener un combustible alternativo, necesitamos gobernanza técnica y política para que sea realmente verde”, subrayó un consultor energético citado en el documento.
El dilema de la transición energética
El e‑methane se suma a la lista de combustibles en disputa: metanol, amoníaco, hidrógeno y electricidad. Cada uno promete descarbonización, pero todos enfrentan barreras de costos, seguridad o infraestructura. El informe del Mærsk Center expone la tensión central: ¿apostar por lo que es viable hoy, aunque arriesgado, o esperar a soluciones más limpias pero aún lejanas?
Se vive con la esperanza de llegar a ser un recuerdo, pero el e‑methane corre el riesgo de ser recordado como el combustible que pudo acelerar la transición y terminó multiplicando el problema. La decisión no es técnica: es política, y marcará si el transporte marítimo avanza hacia cero emisiones o se hunde en un espejismo energético.
Como recuerda Nassim Nicholas Taleb, uno de los mayores expertos mundiales en riesgos y profesor de ingeniería en la Universidad de Nueva York, algunos sistemas no solo resisten el desorden, sino que se fortalecen con él. El e‑methane, con sus ventajas y riesgos, puede ser un campo de prueba para la industria marítima: si logra convertir la volatilidad regulatoria y el desafío técnico en aprendizaje, el sector se volverá antifrágil. No se trata de evitar la incertidumbre, sino de usarla como palanca para innovar y salir más robusto.

Director en Confluencia Portuaria

