
La reciente ofensiva militar lanzada por Estados Unidos e Israel contra objetivos estratégicos en Irán ha colocado al transporte de petróleo en el centro de la atención internacional. Ya que el paso marítimo afectado por el conflicto, de apenas 50 kilómetros de ancho en su punto más angosto, concentra cerca del 20–25% del comercio mundial de crudo y más de USD 500.000 millones en petróleo y gas al año.

Su eventual cierre o bloqueo sería un golpe de magnitud para la economía global, con consecuencias inmediatas en los mercados energéticos y en la logística marítima internacional.
Perspectivas en Occidente
Desde Inglaterra subrayan que el precio del crudo ya incorporó una “prima de riesgo geopolítico”, con subas que lo llevaron a máximos de seis meses. En escenarios extremos, si las exportaciones iraníes quedaran fuera del mercado, el Brent podría superar los USD 90 por barril hacia fines de 2026, generando un shock inflacionario en las principales economías importadoras.
En Estados Unidos informan que la volatilidad del mercado refleja no solo el temor a interrupciones logísticas, sino también la incertidumbre sobre la capacidad de otros productores para compensar una eventual caída de la oferta iraní.
En Washington señalan que varias petroleras y casas de trading suspendieron envíos a través del estrecho tras los ataques, lo que refleja el temor inmediato a interrupciones logísticas. Las aseguradoras marítimas han elevado las primas de riesgo para los buques que transitan por la zona, encareciendo los costos de transporte y generando desvíos hacia rutas más largas y costosas. El Departamento de Energía norteamericano advierte que un bloqueo prolongado podría afectar directamente la seguridad energética de aliados estratégicos en Europa y Asia.
La mirada israelí
Medios de Israel destacan que Teherán ha usado históricamente la amenaza de cerrar Ormuz como herramienta de presión. La ofensiva militar reciente reavivó esa posibilidad, con la Guardia Revolucionaria advirtiendo que podría bloquear el paso en caso de nuevas agresiones. Para Tel Aviv, la estrategia iraní no solo busca disuadir ataques, sino también demostrar que su influencia regional se extiende más allá del terreno militar, alcanzando el corazón del comercio energético mundial.
Israel interpreta la escalada como un intento de Teherán de reforzar su posición negociadora frente a Occidente, mostrando que puede condicionar la seguridad energética global. Esta posibilidad preocupa tanto a los aliados de Washington como a los países del Golfo, conscientes de que un cierre prolongado tendría efectos devastadores en la estabilidad regional.
Arabia Saudita y el Golfo en alerta
Desde Arabia Saudita remarcan que el estrecho es vital para las exportaciones de Riad e Irak. Un cierre afectaría directamente a la economía saudí, que depende de esa ruta para colocar cerca de un cuarto del crudo mundial. La región observa con alarma la escalada, consciente de que cualquier interrupción dispararía los precios y pondría en riesgo la estabilidad económica global. Arabia Saudita, junto con Emiratos Árabes Unidos, evalúa aumentar la producción para mitigar el impacto, aunque reconoce que la capacidad de respuesta tiene límites frente a un bloqueo total.
El tablero energético se complejiza aún más por la posición de China, gran comprador de crudo iraní. Pekín observa con inquietud la escalada, consciente de que su seguridad energética depende en buena medida de la estabilidad del Golfo. La diplomacia china ha instado a la moderación, pero al mismo tiempo refuerza sus vínculos con Teherán, buscando garantizar acceso preferencial a hidrocarburos en caso de sanciones más duras.
El conflicto con Irán no es solo un enfrentamiento militar: es un choque estratégico sobre el corazón del comercio energético mundial. La reacción de Estados Unidos, Inglaterra, Israel y Arabia Saudita muestra que el tablero energético y logístico está tan expuesto como el militar. La decisión de Teherán de mantener abierto o cerrado el estrecho será, en última instancia, un factor determinante para la estabilidad global.
En este escenario, el transporte marítimo de crudo enfrenta riesgos inéditos, y la producción global podría sufrir alteraciones profundas si la crisis se prolonga. La economía mundial observa con atención, consciente de que el desenlace en Ormuz marcará el rumbo de los mercados energéticos en los próximos meses.

Director en Confluencia Portuaria

