
El aviso llegó como un correo frío: “Su envío ha sido descargado en Mascate. El viaje se da por finalizado.” Para el importador argentino que esperaba sus repuestos en Dubái, la noticia fue un mazazo. “Nunca trabajamos en ese puerto, no tenemos agentes allí. Cada día de demora nos cuesta miles de dólares”, relató con bronca.
El mecanismo conocido como End of Voyage permite a las navieras terminar anticipadamente un trayecto y descargar el envío en un puerto alternativo seguro. Aunque protege buques y tripulaciones en zonas de conflicto, deja a los clientes en un limbo logístico: contenedores varados en destinos inesperados, contratos alterados y costos que nadie había previsto.
El cliente frente al puerto desconocido
Para quienes despachan carga, el impacto es inmediato. El contenedor que debía llegar a Dubái, Abu Dhabi o Kuwait termina en Mascate, Salalah o incluso puertos secundarios del Mar Rojo. “Nosotros no tenemos agentes allí, ni infraestructura para mover la carga. Cada trámite es más caro y más lento”, explicó un operador brasileño que esperaba insumos industriales.
El desconcierto se multiplica: almacenaje en depósitos improvisados, costos de aduana en jurisdicciones desconocidas y la necesidad de contratar transporte terrestre o marítimo adicional. El cliente, que había pactado un flete cerrado, se encuentra con un rompecabezas logístico que no estaba en sus planes.
Quién paga los costos ocultos
Las navieras se amparan en cláusulas de fuerza mayor y liberan su responsabilidad contractual. “Legalmente están cubiertas, pero el importador queda expuesto”, señaló un broker de seguros marítimos en Londres. Las pólizas estándar no contemplan desvíos ni traslados adicionales. Solo quienes contrataron coberturas específicas de guerra o contingencia pueden recuperar parte de lo perdido. “En la mayoría de los casos, el cliente paga la diferencia”, agregó.
El impacto no se detiene en el muelle. Los costos extra de transporte, almacenaje y aduana se trasladan a la cadena de suministro. “Un electrodoméstico que debía llegar a Buenos Aires desde Dubái ahora pasa por Mascate y luego por transporte terrestre. Ese desvío termina reflejándose en el precio final”, explicó un economista especializado en comercio internacional.
Inflación global: el último paga
Así, el consumidor se convierte en el último eslabón que paga el costo oculto del End of Voyage (Fin del Viaje). El conflicto bélico en el Golfo se traduce en inflación global: países que no participan de la guerra ven cómo los precios de bienes importados se encarecen por un impuesto invisible, nacido en la incertidumbre logística.
“Cuando el comercio pierde previsibilidad, la inflación se globaliza”, resumió un analista portuario europeo. El End of Voyage es más que una cláusula marítima: es la prueba de que un conflicto regional puede desestabilizar la economía cotidiana de cualquier país, desde Madrid hasta Buenos Aires.
Los consumidores, sin saberlo, terminan financiando la guerra a través de precios más altos en productos básicos. El costo oculto se convierte en un factor inflacionario mundial, debilitando la previsibilidad y la sostenibilidad de las cadenas de suministro. Y, socarronamente, el Fin del Viaje puede leerse como la globalización perfecta de los conflictos regionales: nadie está a salvo en la aldea global que alguien soñó como perfecta.

Director en Confluencia Portuaria

