
La Unión Europea y China están en un punto de fricción comercial: Bruselas avanza con la iniciativa “Hecho en Europa” y medidas de defensa industrial, mientras Pekín denuncia proteccionismo y amenaza con represalias. El riesgo de una guerra comercial es real, aunque ambos bloques intentan mantener canales de negociación.
Escalada europea: “Hecho en Europa” y la bazuca comercial
La Comisión Europea debate una nueva política industrial bajo el lema “Hecho en Europa”, que busca blindar sectores estratégicos como acero, aluminio, cemento, tecnologías limpias y vehículos eléctricos. La propuesta incluye requisitos de producción local, contratación de mano de obra europea y limitaciones a la entrada de capitales extranjeros.
Un informe del Instituto de Estudios de Seguridad de la Unión Europea advierte que la confrontación con China es “probablemente inevitable” y recomienda aplicar el Instrumento Anti-Coerción (IAC), conocido como la “bazuca comercial” del bloque. Esta herramienta permitiría imponer restricciones a exportaciones, licencias y acceso a contratación pública cuando un país ejerza presión económica sobre la UE.
La lógica es clara: Europa teme la desindustrialización si no actúa frente a la sobrecapacidad china y los subsidios masivos que presionan los precios internacionales.
La reacción china: acusaciones de proteccionismo
Desde Pekín, la respuesta ha sido inmediata. La portavoz de la Cancillería, Mao Ning, calificó las medidas europeas de “proteccionistas” y advirtió que China “tomará las acciones necesarias” para defender sus intereses. Según el Gobierno chino, Bruselas ignora el superávit europeo en servicios y los retornos de inversión, enfocándose solo en el déficit de bienes.
China sostiene que no busca deliberadamente un superávit comercial con Europa y que las restricciones propuestas elevarán los costes para los consumidores europeos, debilitando la competitividad industrial del continente a largo plazo. Los medios estatales chinos han hablado incluso de “chantaje geopolítico” tras las sanciones europeas a 17 empresas chinas vinculadas a Rusia, replicando con medidas espejo sobre compañías europeas.
Un equilibrio difícil: autonomía estratégica vs. interdependencia
El déficit comercial de la UE con China alcanzó los 359.800 millones de euros en 2025, reflejo de una relación cada vez más asimétrica. Bruselas busca corregir esa brecha mediante diversificación de cadenas de suministro y exigencias de producción local.
Sin embargo, la interdependencia es profunda: Europa depende de China en sectores clave como baterías, energías renovables y componentes electrónicos, mientras que China necesita el mercado europeo para sostener su crecimiento.
La estrategia de “escalar para desescalar” propuesta por el think tank europeo apunta a usar la presión comercial como palanca diplomática, con la idea de que una guerra comercial temporal sería menos costosa que la pérdida estructural de competitividad.
La UE enfrenta una paradoja estratégica: proteger su industria exige medidas duras que pueden desencadenar represalias chinas, pero no actuar implica aceptar una dependencia que erosiona su base productiva. El riesgo de guerra comercial es real, aunque ambos bloques parecen conscientes de que una ruptura total sería devastadora.
En conclusión: Europa endurece su postura con “Hecho en Europa” y la bazuca comercial, mientras China denuncia proteccionismo y amenaza con represalias. La tensión refleja un choque inevitable entre autonomía estratégica europea y la sobrecapacidad china.
Por: Redacción

