
El Estrecho de Ormuz, por donde transita cerca de un tercio del petróleo y gas mundial, quedó prácticamente bloqueado tras advertencias iraníes. Navieras internacionales suspendieron operaciones y desviaron rutas hacia el Cabo de Buena Esperanza, con tiempos y costos crecientes. Las aseguradoras aplicaron sobrecargos de “war-risk”, encareciendo aún más la logística marítima.
Transporte marítimo y aéreo en tensión
El Canal de Suez reportó tránsitos suspendidos por riesgo de ataques, reduciendo capacidad global y obligando a desvíos prolongados. Las navieras enfrentan costos adicionales por seguros y combustible, mientras que la carga refrigerada y los contenedores con productos perecederos quedaron varados en puertos intermedios. La situación generó un efecto dominó en cadenas de suministro de alimentos y bienes industriales, con demoras que se extienden a Europa y Asia.

Al mismo tiempo, Emiratos, Qatar, Kuwait y Bahréin cerraron sus espacios aéreos, afectando vuelos de carga urgente y paquetería internacional. Empresas como FedEx, UPS y DHL debieron reprogramar operaciones y activar planes de contingencia, multiplicando retrasos en rutas críticas hacia Europa y Asia.
Energía y mercados en crisis
Misiles y drones golpearon instalaciones energéticas en Israel y bases estadounidenses en el Golfo, generando daños en depósitos y sistemas de distribución regional. El precio del crudo subió de 65 a más de 72–73 USD/barril en pocos días, reflejando la vulnerabilidad del mercado ante la parálisis de Ormuz. El suministro de gas natural licuado (LNG) también quedó en riesgo por la interrupción de flujos, afectando a importadores como India y Japón.
La volatilidad se trasladó a los mercados emergentes, con presiones cambiarias y alzas en costos de transporte terrestre y marítimo. En este contexto, la crisis energética se combina con la disrupción logística, configurando un escenario de incertidumbre global que impacta tanto en la producción como en el consumo.
Dos testimonios que suman
- Jeremy Nixon, CEO de Ocean Network Express (ONE):
“El conflicto ha dejado inactiva cerca del 10% de la flota mundial de contenedores. Los armadores están priorizando el movimiento de buques vacíos para reposicionar equipos, lo que inevitablemente elevará las tarifas de flete en el corto plazo.” - John Evans, analista de PVM Oil Associates:
“El mercado del crudo se está ajustando rápidamente. Si el cierre de Ormuz se prolonga, veremos un repunte sostenido en los precios y un traslado directo a la inflación global. Europa ya enfrenta máximos históricos en futuros de diésel.” - Fatemeh Zandi, profesora de Economía Energética en la Universidad de Teherán: “La presión sobre el gas natural licuado será inmediata. Los países asiáticos más dependientes, como Japón y Corea del Sur, deberán buscar alternativas en Australia y Estados Unidos, pero a un costo mucho mayor. El escenario es de volatilidad prolongada.”
Las jornadas del 5 y 6 de marzo confirmaron que la guerra Israel/EE.UU.–Irán no solo es un conflicto militar, sino un detonante de crisis logística y energética global. Los expertos anticipan semanas de disrupción en transporte marítimo y aéreo, y un mercado energético marcado por volatilidad e inflación.

Director en Confluencia Portuaria

