
El Estrecho de Ormuz, bloqueado y bajo fuego desde febrero, se ha convertido en el punto más crítico del mapa energético global. Mientras Estados Unidos reduce su rol de garante y Europa paga precios récord por la energía, India decidió actuar por cuenta propia. La Marina desplegó fragatas y destructores para guiar discretamente sus buques mercantes en la operación bautizada Urja Suraksha.
Una operación silenciosa
El Ministerio de Defensa indio confirmó el despliegue de más de cinco buques de guerra en el Golfo de Omán y zonas cercanas. La misión es clara: escoltar cargueros con petróleo, gas natural licuado y gas licuado de petróleo hacia los puertos nacionales. El tránsito se asegura con rutas seguras, apoyo en tiempo real y una coordinación silenciosa con Irán, que ha permitido que los barcos indios crucen sin incidentes.
Autonomía energética en un nuevo tablero
La decisión marca un contraste con la postura de Washington. Donald Trump ofreció vender combustible en lugar de garantizar las rutas, mientras Israel busca consolidarse como nodo de tránsito. India, en cambio, protege directamente su suministro, mostrando que no depende de coaliciones internacionales ni de la seguridad provista por otros.
El perfil bajo es parte de la estrategia: Nueva Delhi mantiene relaciones con Estados Unidos e Israel en otros ámbitos, pero en Ormuz opta por un camino propio. Evita tensiones diplomáticas y se concentra en lo esencial: asegurar que el 60% de su energía importada, que pasa por este estrecho, llegue sin interrupciones.
El movimiento refleja un cambio profundo en la arquitectura energética global. Estados Unidos ya no es el garante indiscutido de las rutas, Israel intenta ocupar un lugar en el tablero y la India se afirma como potencia regional capaz de cuidar su propio suministro. El nuevo orden energético de 2026 no se define solo en Washington o Tel Aviv, también en Nueva Delhi.
Por: Redacción

