
El buque, de 286 metros de eslora y capacidad de 174.000 m³ de LNG, incorpora dos velas rígidas telescópicas de fibra reforzada con plástico, cada una de 49 metros de altura y 15 de ancho. La instalación se realizó en el astillero Hanwha Ocean, con entrega prevista para la segunda mitad de 2026. MOL ya había probado el sistema en bulk carriers desde 2022, pero esta es la primera vez que se aplica en un metanero, con mayores exigencias técnicas por la interacción con sistemas criogénicos.
“Queremos demostrar que incluso en un buque tan complejo como un LNG carrier, el viento puede volver a ser aliado de la navegación moderna”, declaró un portavoz de MOL durante la ceremonia en Corea del Sur. La frase resume el espíritu del proyecto: recuperar la fuerza del viento como recurso estratégico, pero con tecnología de última generación.
Innovación tecnológica
El sistema Wind Challenger fue diseñado para aprovechar la fuerza del viento como propulsión asistida. Las velas pueden plegarse en condiciones extremas y fueron certificadas por ClassNK, que otorgó la primera Approval in Principle para su uso en LNG carriers. Según MOL, el ahorro de combustible puede alcanzar el 12 % por viaje, dependiendo de las condiciones meteorológicas y de mar.
La integración con motores criogénicos plantea desafíos, pero también abre la posibilidad de escalar la innovación a otros segmentos de la flota mundial.
Lectura estratégica
La instalación de velas rígidas en un LNG carrier representa un hito en la descarbonización del transporte marítimo. Combina combustibles alternativos con propulsión híbrida, reduciendo emisiones y costos operativos. Para Chevron, cliente del proyecto, significa incorporar innovación tecnológica en su flota de transporte de gas natural licuado.
Para MOL, es un paso hacia la escalabilidad: la compañía planea instalar velas en al menos dos metaneros más, incluyendo uno bajo contrato con Tokyo LNG Tanker Company.
La primera instalación de velas rígidas en un LNG carrier marca un antes y un después en la industria marítima. El “Wind Challenger” no es solo un experimento: es la prueba de que la propulsión asistida por viento puede integrarse en buques de alta complejidad técnica. El éxito dependerá de la confiabilidad del sistema y de la capacidad de MOL y Chevron para demostrar que la innovación es rentable y escalable, aunque todavía falta pruebas más extensas en condiciones reales.
Por: Redacción

