
La Organización Marítima Internacional (IMO) recibió en febrero de 2026 dos circulares oficiales —la Nº 5125 de Madagascar y la Nº 5131 de Zimbabue— que denuncian la existencia de buques registrados con documentos falsificados y autoridades ficticias. La maniobra, atribuida a redes criminales organizadas, pone en evidencia la fragilidad del sistema internacional de inscripción de buques y compromete la seguridad jurídica de los Estados afectados.
Antecedentes de un fraude global
El fenómeno de las banderas falsas no es nuevo. En 2017, la República Democrática del Congo alertó sobre más de 70 buques operando ilegalmente bajo su bandera. Investigaciones posteriores de Lloyd’s List revelaron más de 300 buques vinculados a 29 registros fraudulentos, con al menos 50 sitios web falsos que emitían certificados y matrículas.
En menos de dos años, el problema se duplicó: más de 220 barcos fueron identificados en 2025 con registros falsos, muchos de ellos vinculados a operaciones de comercio ilícito y evasión de sanciones.
Testimonios y advertencias institucionales
Autoridades africanas señalaron que estos fraudes “explotan la complejidad administrativa del registro internacional” y generan riesgos para la seguridad marítima. Analistas de S&P Global advirtieron que los buques con banderas falsas “socavan la confianza en el comercio internacional y el cumplimiento ambiental”.
La IMO, por su parte, reconoció que los registros fraudulentos afectan la trazabilidad de las flotas y debilitan la capacidad de los Estados para ejercer control sobre sus pabellones. La falta de un marco legal robusto deja a países como Madagascar expuestos a responsabilidades que nunca asumieron.
Mafias y flota en las sombras
El fraude de registros marítimos está estrechamente vinculado con la llamada “flota en las sombras”, utilizada para transportar petróleo y mercancías sancionadas. Se estima que al menos 120 buques sancionados han reabanderado hacia Rusia tras ser detectados con banderas falsas, buscando protección estatal.
Las mafias aprovechan estas grietas para operar como si fueran legítimas, evadiendo inspecciones y sanciones. La combinación de registros falsos, sociedades pantalla y rutas opacas configura un entramado que desafía la gobernanza internacional del transporte marítimo.
El caso expuesto por Madagascar y Zimbabue refuerza la necesidad de un marco internacional más robusto para combatir el fraude en registros marítimos. La IMO deberá coordinar con los Estados afectados y con organismos de control para frenar la expansión de estas prácticas que comprometen la seguridad, la transparencia y la sostenibilidad del comercio global.
La denuncia no solo revela un problema técnico, sino también un desafío estratégico: sin reglas claras y cooperación internacional, la flota en las sombras seguirá creciendo y las mafias encontrarán nuevas formas de burlar la ley.
Por: Redacción

