
La francesa CMA CGM confirmó en octubre de 2025 su regreso a Rusia, con escalas quincenales en San Petersburgo como parte del servicio Finland Express (FLX), que conecta Alemania y Finlandia. La decisión se tomó tras una visita institucional de alto nivel a oficinas “dormidas” en territorio ruso, inactivas desde marzo de 2022.
En paralelo, CMA CGM reanudó servicios directos a Odesa (Ucrania) en febrero de 2025, mediante el servicio Odessa Express que conecta El Pireo, Estambul y el puerto ucraniano. Este doble movimiento revela una estrategia de reposicionamiento comercial que no responde a alineamientos políticos, sino a oportunidades logísticas.
MSC: continuidad operativa y expansión en ambos frentes
MSC nunca se retiró de Rusia. Mantuvo conexiones semanales con San Petersburgo durante todo el conflicto, captando parte del mercado abandonado por sus competidores. En Ucrania, participa en el desarrollo de infraestructura portuaria en Odesa junto a HHLA, y mantiene operaciones en el oeste del país.
La suiza MSC encarna una lógica de continuidad comercial, operando bajo el marco legal permitido y priorizando la rentabilidad sobre la reputación.
¿Qué pasó con las sanciones?
Las sanciones impuestas por la Unión Europea, Estados Unidos y otros actores siguen vigentes, especialmente en sectores financieros, tecnológicos y energéticos. Sin embargo, no existe una prohibición total sobre el transporte marítimo de carga general hacia y desde Rusia, lo que permite a las navieras operar bajo ciertas condiciones.
El retiro de CMA CGM en 2022 se justificó por motivos de seguridad y reputación, pero su regreso en 2025 sugiere una reevaluación institucional. MSC, al no haberse retirado, demuestra que el marco legal permite continuidad si se evita el vínculo con entidades sancionadas.
¿Neutralidad logística o ambigüedad estratégica?
La coexistencia operativa en Rusia y Ucrania plantea un dilema editorial: ¿las navieras se olvidaron de la guerra o simplemente aprendieron a navegarla? No hay declaraciones políticas, pero sí decisiones comerciales que trazan rutas entre puertos enfrentados.
La lógica del negocio marítimo parece haber encontrado una “neutralidad funcional”: operar donde sea posible, sin tomar partido, mientras se cumplan las condiciones legales mínimas. Esta postura genera tensiones reputacionales, pero también permite sostener cadenas logísticas en regiones afectadas por el conflicto.
La reconfiguración logística en Europa del Este revela una nueva forma de neutralidad: no la del silencio, sino la del cálculo. En un tablero donde la geopolítica y el comercio se entrecruzan, las navieras trazan rutas que no siempre siguen la brújula diplomática.

Analista Internacional

