
El tráfico marítimo en el Estrecho de Ormuz continúa en mínimos históricos. Datos de Kpler y MarineTraffic confirman que apenas entre 6 y 9 buques atraviesan la zona cada día, frente a los 130‑140 cruces habituales antes del bloqueo iniciado a fines de febrero de 2026. La caída refleja tanto el impacto de los ataques como la persistente incertidumbre en torno a la seguridad de navegación.
En contraste, el Bab el‑Mandeb registra entre 20 y 34 cruces diarios. Sin embargo, el repunte está marcado por la presencia de la llamada flota sombra, con tránsitos opacos y operaciones que despiertan preocupaciones de cumplimiento normativo. La actividad irregular complica la trazabilidad de cargamentos y genera dudas sobre la transparencia de los flujos energéticos.
Riesgos crecientes en el Golfo de Adén
La situación se agrava con nuevos ataques hutíes. Según fuentes de inteligencia marítima, un misil balístico impactó contra un petrolero saudí en el Golfo de Adén durante la primera semana de agosto, confirmando que la amenaza persiste más allá de Ormuz. Estos incidentes refuerzan la percepción de que la seguridad marítima en el corredor sur del Mar Rojo está bajo presión constante.
Negociaciones en curso
En paralelo, Irán y Omán avanzan en un acuerdo para establecer una ruta temporal gestionada, con coordenadas específicas y posible anuncio inminente. De concretarse, este mecanismo podría aliviar parcialmente la crisis en Ormuz y ofrecer un marco de tránsito seguro bajo supervisión conjunta.
La lectura estratégica es clara: Ormuz opera en mínimos históricos y Bab el‑Mandeb enfrenta riesgos crecientes. Para los decisores logísticos y energéticos, la planificación debe contemplar rutas alternativas, reservas anticipadas y mecanismos de trazabilidad reforzada. La diplomacia regional, en tanto, busca abrir canales de gestión que permitan recuperar previsibilidad en los corredores marítimos más sensibles del mundo.
Por: Redacción

