
El Estrecho de Ormuz continúa cerrado tras más de tres meses de escalada bélica en Medio Oriente. En las últimas 72 horas, Irán informó el paso controlado de 20 buques mercantes bajo vigilancia de la Guardia Revolucionaria, mientras Estados Unidos endureció su postura en las negociaciones con Teherán. El bloqueo mantiene atrapadas tripulaciones y contenedores, multiplica los costos de transporte y obliga a desvíos hacia puertos alternativos saturados.
Energía y rutas tensionadas
El cierre afecta directamente a las exportaciones de crudo y gas natural licuado, que habitualmente transitan por este corredor. Según la Agencia Internacional de la Energía, más de 14 millones de barriles diarios se encuentran paralizados y las reservas globales se han vaciado casi por completo desde el inicio del conflicto. Los volúmenes de carga transportados por petroleros han caído un 13% interanual, obligando a liberar reservas en tiempo récord. Si el estrecho continúa cerrado, los niveles podrían alcanzar un punto crítico hacia septiembre.
La incertidumbre política refuerza la percepción de riesgo: el Joint War Committee mantiene a Ormuz catalogado como zona de guerra, lo que incrementa primas aseguradoras y complica la trazabilidad de costos logísticos.
Resiliencia marítima y adaptación
Pese al cierre, el 80% de los mares permanece operativo, lo que permite sostener la continuidad de las cadenas globales. La capacidad de adaptación del sector marítimo se refleja en la diversificación de rutas (obvio que con fletes y costos muy superiores), la reconversión de infraestructuras portuarias y la cooperación internacional para absorber flujos energéticos desviados.
Puertos como Algeciras y Valencia han firmado acuerdos con Ningbo (China) para impulsar un Corredor Marítimo Verde, mientras en Cantabria se estudia un corredor con Reino Unido.
El Secretario General de la Organización Marítima Internacional, Arsenio Domínguez, declaró: “Ningún ataque contra marinos o buques civiles inocentes está justificado. La libertad de navegación es un principio fundamental del derecho marítimo internacional y debe ser respetado por todas las partes. Las tripulaciones deben ser protegidas de los efectos de tensiones geopolíticas más amplias.”
El bloqueo de Ormuz, prolongado por tanto tiempo, tensiona la energía y las rutas, pero no detiene el comercio mundial. La crisis confirma que la continuidad del sistema portuario y logístico internacional depende de su capacidad de diversificar corredores, reconvertir infraestructuras y sostener la cooperación global, incluso bajo presión geopolítica.
Director en Confluencia Portuaria

