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Ormuz en crisis: continuidad de un corredor vulnerable
En las últimas 72 horas, el Estrecho de Ormuz volvió a ser epicentro de tensión global, con impactos directos en logística, combustibles y agua.

Fecha de publicación: 25/03/2026

Estrecho de Ormuz | Foto: wikipedia

El Estrecho de Ormuz, paso obligado para cerca del 20% del comercio mundial de petróleo, se ha transformado en un corredor de incertidumbre. La suspensión de navieras, el encarecimiento de seguros y los trascendidos sobre peajes millonarios marcan un escenario de máxima tensión que golpea tanto a las grandes aseguradoras como a los mercados energéticos y al abastecimiento hídrico de los países del Golfo.

Disrupción logística y energética

Desde el domingo 22 de marzo, varias navieras internacionales suspendieron operaciones en Ormuz tras los ataques sufridos por más de veinte buques desde febrero. El resultado inmediato es un encarecimiento de los fletes y un aumento de los tiempos de importación, con impacto directo en Europa, Asia y América.

El petróleo y el gas, principales mercancías que transitan por Ormuz, se convirtieron en el eje de la volatilidad. Los precios internacionales reflejan la tensión: cada día de bloqueo o encarecimiento logístico se traduce en presión sobre los importadores y en incertidumbre para los consumidores.

La crisis energética se amplifica por la falta de rutas alternativas de gran capacidad. El Canal de Suez aparece como opción, pero no puede absorber el volumen que normalmente circula por Ormuz.

En este contexto, Japón y cinco países europeos (Alemania, Reino Unido, Francia, Italia y Países Bajos) emitieron un comunicado conjunto condenando los ataques iraníes y declarando estar “dispuestos a contribuir” a la seguridad en Ormuz. La advertencia confirma que la crisis ya es reconocida como amenaza global y que la logística marítima se ha convertido en un asunto de seguridad internacional.

El colmo: el estado terrorista cobra peaje

En medio de este escenario, trascendió que algunos barcos habrían pagado hasta 2 millones de dólares para cruzar el Estrecho de Ormuz. La información proviene de declaraciones de un diputado iraní en medios estatales y fue replicada por agencias internacionales como ANSA y Bloomberg. Sin embargo, ninguna naviera ni aseguradora ha confirmado oficialmente esos pagos.

El dato, aunque no verificado, refleja la percepción de que Irán utiliza Ormuz como herramienta de presión política y financiera. Se habla incluso de transacciones en yuanes, lo que refuerza la influencia de China en el comercio energético. La idea de un “peaje informal” impuesto por un Estado que controla militarmente la zona genera indignación y dramatismo: el corredor más estratégico del mundo convertido en caja recaudadora de un régimen cuestionado.

La Organización Marítima Internacional (IMO) expresó “profunda preocupación” por los ataques contra buques mercantes y recordó que la libertad de navegación es un principio fundamental del derecho marítimo internacional. En paralelo, el embajador de EE.UU. ante la ONU, Mike Waltz, exigió a los aliados internacionales que ayuden a escoltar buques en Ormuz.

El colmo, como bien sintetiza el subtítulo, es que un Estado señalado por su accionar terrorista se arrogue el derecho de cobrar peaje en una ruta que debería ser libre y segura.

Agua y recursos hídricos en riesgo

El impacto de la crisis no se limita a los combustibles. Los buques cisterna que transportan agua y los proyectos de desalinización en el Golfo también enfrentan retrasos y sobrecostos. Países como Emiratos Árabes Unidos, Qatar y Arabia Saudita dependen en gran medida de la logística marítima para garantizar el abastecimiento hídrico.

Cada día de bloqueo o encarecimiento en Ormuz se traduce en riesgo de escasez y en aumento de tarifas para los consumidores locales. La crisis hídrica se suma a la energética, configurando un escenario de doble vulnerabilidad. El agua, recurso vital y estratégico, se convierte en rehén de la geopolítica y de la inseguridad marítima.

Expertos regionales advierten que si la tensión se prolonga, los países del Golfo deberán buscar alternativas de abastecimiento más costosas y menos eficientes. La logística del agua, invisible para muchos, se revela como un factor crítico en la estabilidad regional.

Conclusión:

El Estrecho de Ormuz confirma, una vez más, que la infraestructura logística global es frágil frente a los conflictos geopolíticos. La suspensión de navieras, el encarecimiento de seguros y los trascendidos sobre peajes millonarios dibujan un escenario de máxima tensión. Combustibles y agua, dos recursos vitales, se ven atrapados en un corredor que debería ser símbolo de libre tránsito y que hoy se convierte en epicentro de la vulnerabilidad mundial.

La crisis obliga a reflexionar sobre la necesidad de sensatez en la transición energética y en la gestión de recursos hídricos. Más allá de las declaraciones y rumores, lo cierto es que Ormuz se ha transformado en un espejo incómodo: muestra hasta qué punto la economía global depende de un estrecho de apenas 40 kilómetros de ancho, controlado por un Estado que utiliza la logística como arma política.

Por: Luis María Burgos
Director en Confluencia Portuaria

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