
El Estrecho de Ormuz, paso estratégico por donde circula cerca del 20% del petróleo mundial, fue cerrado en marzo tras una escalada militar en Medio Oriente. La tregua anunciada el 7 de abril permitió la salida inicial de algunos de los más de 800 buques atrapados en el Golfo Pérsico. La noticia trajo alivio, pero también cautela: el acuerdo es temporal y cualquier incumplimiento podría reactivar la crisis.
Los mercados energéticos reaccionaron con brusquedad. El crudo subió con fuerza durante el cierre y retrocedió parcialmente tras el anuncio del alto el fuego. “La apertura gradual de Ormuz es un respiro, pero nadie puede asegurar que dure más de unos días”, señaló un analista de energía en Londres.
Tránsito en proceso de normalización
La reapertura parcial permitió que algunos tanqueros comenzaran a cruzar el estrecho. Las autoridades portuarias de la región informaron que el flujo se restablecerá de manera progresiva si la tregua se mantiene.
La congestión es enorme: cientos de barcos esperan autorización, mientras las aseguradoras marítimas aún no levantan las restricciones. “El tránsito depende de que las partes respeten el acuerdo. Si hay un nuevo ataque, todo volverá a paralizarse”, advirtió un operador logístico en Dubái.
Arabia Saudita, por su parte, sigue utilizando el puerto de Yanbu en el Mar Rojo como alternativa, gracias al oleoducto Este-Oeste. Aunque esta infraestructura alivió la crisis, no puede reemplazar la capacidad de Ormuz. La normalización dependerá de que la tregua se extienda y se convierta en un compromiso más duradero.
Estrategia de las grandes navieras
Las principales compañías navieras y de energía mantienen una postura prudente. Algunas reanudaron operaciones limitadas, mientras otras prefieren esperar confirmaciones de seguridad antes de enviar nuevos buques.
Maersk y MSC, líderes en transporte marítimo, señalaron que monitorean la situación hora a hora. “No podemos exponer tripulaciones y cargas a un riesgo tan alto. La tregua es bienvenida, pero todavía no es suficiente”, indicó un portavoz de MSC.
Las aseguradoras marítimas también juegan un papel clave. Durante el cierre, las primas de riesgo se dispararon, encareciendo cada viaje. Aunque el alto el fuego redujo parcialmente los costos, las compañías mantienen cláusulas de emergencia. “El mercado necesita estabilidad, no solo promesas”, afirmó un ejecutivo de Lloyd’s.
En paralelo, algunas navieras exploran rutas alternativas, aunque más largas y costosas, para evitar Ormuz. Esto incluye desvíos por el Cabo de Buena Esperanza, lo que incrementa tiempos y precios. La decisión final dependerá de la evolución de la tregua y de la percepción de seguridad en el estrecho.
Crudo en un mercado oscilante
El mercado energético sigue en tensión. El cierre de Ormuz disparó el precio del petróleo por encima de los 100 dólares el barril, mientras que la tregua lo redujo parcialmente. Sin embargo, la oscilación persiste: cada noticia sobre ataques o negociaciones provoca movimientos bruscos.
China e India, principales importadores de crudo de la región, presionan por una normalización rápida del tránsito. Europa también observa con preocupación, ya que la dependencia energética hace que cualquier interrupción tenga impacto inmediato en la economía.
Los analistas coinciden en que el precio del crudo seguirá fluctuando mientras el acuerdo sea vulnerable. “El mercado no descuenta estabilidad, sino incertidumbre. Cada día de calma es un alivio, pero cada rumor de ataque dispara las cotizaciones”, explicó un especialista en energía de Nueva York.
El alto el fuego en Ormuz abre una ventana de esperanza, pero la cautela domina el escenario. La potencial normalización del tránsito depende de que las partes respeten el acuerdo, las grandes navieras evalúan riesgos antes de reanudar operaciones plenas y el precio del crudo refleja la fragilidad de la situación.
La lección es clara: la resiliencia logística global requiere diversificación de rutas y compromisos duraderos. Mientras tanto, el comercio internacional navega entre la expectativa de normalización y el temor a una nueva escalada.

Director en Confluencia Portuaria

