
Este 25 de junio de 2026, el portacontenedores Ever Lovely, operado por Evergreen y con bandera de Singapur, fue alcanzado por un proyectil mientras navegaba por una ruta considerada “segura” en el Estrecho de Ormuz. El impacto dañó el puente de mando, aunque no se registraron víctimas ni contaminación. El incidente, confirmado por UKMTO, pone en evidencia que la noción de seguridad en uno de los corredores más estratégicos del planeta es relativa y frágil.
La ruta segura bajo fuego
El Ever Lovely formaba parte de un convoy junto a los buques Ever Unicorn y Ever Lotus, que transitaban bajo protocolos internacionales de vigilancia. La zona, cercana a Dahit (Omán), había sido catalogada como corredor protegido, con presencia de fuerzas navales y monitoreo constante. Sin embargo, el ataque demostró que ni siquiera las rutas con mayor control logístico están exentas de riesgos.
La OMI y las agencias de seguridad marítima advierten que cerca del 20 % del petróleo mundial transita por Ormuz, lo que convierte cada incidente en un golpe directo a la confianza en las cadenas de suministro globales. La capacidad del Ever Lovely —9.532 TEU— y su rol en el transporte de bienes estratégicos refuerzan la gravedad del episodio.
Geopolítica y vulnerabilidad
La Guardia Revolucionaria de Irán declaró que el tránsito seguro solo será posible por rutas designadas por Teherán, advirtiendo que tomará medidas contra buques que no cumplan. En paralelo, el secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, señaló que “si Irán bloquea o amenaza el paso, vamos a tener un problema”.
El ataque ocurre en un contexto de cese de hostilidades frágil entre Washington y Teherán, y confirma que los buques comerciales son rehenes de tensiones geopolíticas que exceden su misión logística. Para los armadores y operadores, la vulnerabilidad se traduce en costos adicionales: seguros más caros, desvíos prolongados y tiempos de entrega inciertos.
El Ever Lovely fue golpeado en una ruta que el sistema internacional había bautizado como “segura”. Si allí se dispara un proyectil, ¿qué queda para los corredores catalogados como “no seguros”? La verdad es que la seguridad en Ormuz es un concepto vacío, un espejismo que se desvanece con cada ataque. Los marinos navegan con la certeza de que la próxima descarga puede caer en cualquier punto del mapa, y los operadores saben que la trazabilidad de sus cadenas de suministro depende de decisiones políticas que cambian de un día para otro. En este escenario, hablar de rutas seguras es casi un insulto: lo único seguro es el riesgo.
Por: Redacción

