
Las diez mayores compañías marítimas habían anunciado más de 500 buques preparados para combustibles alternativos —metanol, amoníaco, GNL, hidrógeno— con inversiones multimillonarias. La apuesta por la innovación tecnológica se presentaba como el camino hacia la descarbonización, con proyectos que buscaban transformar la flota mundial en un plazo de dos décadas.
Sin embargo, el encarecimiento de los combustibles sostenibles, entre tres y cinco veces más que el bunker convencional, y la ausencia de reglas claras desalientan a bancos y aseguradoras. Tal como lo venimos adelantando en nuestra página, esta postura se relaciona especialmente con la debilidad de la OMI en conciliar posiciones y reafirmar el rumbo verde, lo que convierte el riesgo de activos varados en una amenaza real para la transición.
Inversiones verdes en pausa
El entusiasmo inicial por los buques de nueva generación se enfrenta ahora a la realidad de un mercado sin certidumbre. Las compañías que habían anunciado pedidos históricos de metaneros y portacontenedores dual fuel revisan sus planes, conscientes de que sin un marco regulatorio global los costos pueden volverse insostenibles. La falta de infraestructura portuaria para abastecer combustibles alternativos refuerza la incertidumbre. En paralelo, los bancos internacionales advierten que no financiarán proyectos que carezcan de respaldo normativo, lo que amplifica el riesgo financiero. La consecuencia inmediata es una ralentización de la transición energética, con inversiones que se posponen y proyectos que se reducen en escala.
Debate en la OMI y presión empresarial
En Londres, la OMI discute el Net-Zero Framework, que fijaría un precio global al carbono desde 2028. El secretario general Arsenio Domínguez reconoció: “El Net-Zero Framework no es perfecto, pero ofrece una base equilibrada para avanzar hacia su entrada en vigor en 2027.” Sin embargo, la oposición de Estados Unidos y países del Golfo refleja la tensión entre competitividad y sostenibilidad. La Getting to Zero Coalition —180 compañías, incluidas Maersk, NYK, BP y Shell— reclama certidumbre para sostener las inversiones, subrayando que sin reglas claras la transición quedará fragmentada en regulaciones regionales.
La reducción de proyectos verdes por parte de las navieras líderes expone la fragilidad de la transición energética marítima. Sin un marco global unificado, la descarbonización corre el riesgo de fragmentarse en regulaciones regionales, elevando costos y debilitando la competitividad. La OMI enfrenta el desafío de transformar el discurso en acción concreta, mientras la industria espera señales firmes para sostener su apuesta por un futuro sostenible. La credibilidad del organismo se juega en cada sesión, y la falta de definiciones amenaza con convertir la transición energética en un terreno de promesas incumplidas.
Director en Confluencia Portuaria

