
Buenos Aires. El 7 de julio de 2025, Brasil y China firmaron un acuerdo bilateral para estudiar la construcción del ferrocarril bioceánico más extenso del continente: 4.500 km desde Ilhéus, en el Atlántico, hasta el megapuerto de Chancay, en el Pacífico. El objetivo es claro: reducir tiempos y costos de exportación hacia Asia, sortear el Canal de Panamá y fortalecer el posicionamiento regional frente a los nuevos ejes del comercio global.
Los estudios de viabilidad —económica, social y ambiental— ya están en marcha, encabezados por Infra SA (Brasil) y el Instituto de Planificación Ferroviaria de China. La traza se articula con ferrovías existentes como FIOL y FICO, y dialoga estratégicamente con el puerto de Chancay, operado mayoritariamente por Cosco Shipping. Este nodo logístico acorta los envíos hacia China de 35 a 25 días, permitiendo el ingreso de megabuques de hasta 24.000 contenedores.
Más allá del trazado físico, lo que ya se construye es el relato: el Estado planifica, coordina, proyecta. La inversión aún no se concretó, pero la voluntad política existe y la narrativa estratégica ya empezó a circular. Eso también es infraestructura.
El sur argentino y su espera histórica
En Argentina, el corredor bioceánico del sur —diagnosticado con precisión por Jorge de Mendonça— sigue relegado, pese a contar con trazados ferroviarios, acuerdos interprovinciales y estudios previos realizados por AIMAS. Lo que falta no es infraestructura, sino decisión. El sur bonaerense y la Patagonia norte tienen lo necesario para activarse como eje logístico hacia Chile, pero no hay presupuesto, cronograma ni articulación nacional.
Y esta desidia no es coyuntural. Si bien el actual modelo de Estado ausente ha profundizado el abandono, el problema es estructural. El olvido del sur lleva décadas, con gobiernos de distinto signo que no supieron (o no quisieron) poner en marcha una visión logística sustentable. El contraste con Brasil no es sólo técnico, sino simbólico: mientras un país diseña su futuro en escala continental, el otro ni siquiera reactiva lo que tiene.
“En la Patagonia, el olvido no es coyuntura: es paisaje.” — Autor anónimo
Porque el paisaje no espera estudios de factibilidad: espera decisión. Y si Sudamérica se mueve sobre rieles, quizá sea tiempo de que Argentina vuelva a mirar sus mapas.
El contraste entre Brasil y Argentina no solo refleja distintas capacidades logísticas, sino dos formas opuestas de entender el territorio como proyecto. Brasil planifica con ambición continental, articula Estado y mercado, y construye un relato de integración. Argentina, en cambio, posterga regiones enteras no por falta de recursos sino por ausencia de visión política sostenida. La diferencia de enfoques revela algo más profundo: cómo cada país decide (o no) vincular su geografía con su destino.
Director en Confluencia Portuaria

