
La arquitectura del comercio internacional atraviesa una crisis que no siempre ocupa titulares, pero que redefine el equilibrio de poder. Estados Unidos decidió retirarse de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) y mantiene desde 2017 el bloqueo al Órgano de Apelación de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Dos movimientos que, en conjunto, reducen la capacidad de los organismos multilaterales para sostener reglas claras y asistencia técnica. En paralelo, Washington respalda la continuidad de Ngozi Okonjo‑Iweala como directora general de la OMC, asegurando estabilidad institucional y evitando candidatos más hostiles. La paradoja es evidente: Estados Unidos sostiene la fachada del multilateralismo mientras limita su funcionamiento.
La salida de la UNCTAD
La UNCTAD fue creada en 1964 como espacio de análisis, cooperación y asistencia técnica. Su rol ha sido acompañar a los países en desarrollo con estadísticas, estudios y programas de apoyo. La decisión de Washington de retirarse implica pérdida de financiamiento y liderazgo en un foro que, aunque no normativo, ha sido clave para equilibrar la voz de las economías emergentes.
El vacío abre espacio para que otros actores, como China y la Unión Europea, refuercen su influencia en la agenda de cooperación internacional. Para América Latina, la salida de EE.UU. significa menor respaldo en programas de diversificación exportadora y menor peso político en un organismo que ha sido referencia en debates sobre comercio inclusivo. La región pierde un interlocutor clave en un momento en que las tensiones comerciales globales demandan mayor apoyo técnico.
El bloqueo en la OMC
El Órgano de Apelación de la OMC es la instancia máxima del sistema de solución de disputas. Desde 2017, Estados Unidos bloquea la designación de jueces, dejando al mecanismo sin quórum. Como resultado, más de 30 casos apelados permanecen paralizados y el sistema pierde credibilidad como garante de reglas vinculantes.
La Unión Europea y otros países impulsaron un mecanismo interino de arbitraje (MPIA), pero limitado y sin alcance universal. La consecuencia es clara: el comercio global se fragmenta y proliferan acuerdos bilaterales y regionales, mientras la OMC queda debilitada en su función central. El “crown jewel” del sistema multilateral está inoperante, y con ello se erosiona la previsibilidad que ofrecía a empresas y gobiernos.
El apoyo a Ngozi Okonjo‑Iweala
En contraste con estas decisiones, Washington respaldó la elección de Ngozi Okonjo‑Iweala como directora general en 2021 y su reelección en 2024. La economista nigeriana, primera mujer y primera africana en dirigir la OMC, ha reconocido públicamente que el organismo está en “cuidados intensivos” por la parálisis del Órgano de Apelación. Su discurso se centra en la necesidad de reformar el sistema para hacerlo más aceptable a Estados Unidos.
El apoyo estadounidense a su liderazgo puede interpretarse como una estrategia para mantener estabilidad institucional y evitar la irrupción de candidatos más hostiles, especialmente impulsados por China. Sin embargo, el respaldo no se tradujo en un cambio de postura respecto al bloqueo. La contradicción se profundiza: se sostiene la dirección, pero se neutraliza el mecanismo que da fuerza vinculante al organismo.
Una paradoja institucional
La combinación de estas acciones configura un multilateralismo debilitado:
- Estados Unidos abandona foros de cooperación como la UNCTAD.
- Paraliza el sistema de disputas de la OMC.
- Apoya la dirección del organismo para evitar liderazgos alternativos.
El resultado es un comercio global con instituciones que existen, pero cuya capacidad operativa está limitada. Washington conserva control narrativo y evita que el multilateralismo se convierta en un contrapeso efectivo a su política unilateral.
Impacto en América Latina
América Latina enfrenta un dilema concreto. La región depende de la asistencia técnica de la UNCTAD y del sistema de disputas de la OMC para defender sus intereses frente a medidas unilaterales. La salida de EE.UU. y el bloqueo generan incertidumbre y obligan a buscar nuevas alianzas en Mercosur, CELAC o con socios extrarregionales.
La falta de un sistema de apelación activo en la OMC significa que los países latinoamericanos pierden una herramienta clave para enfrentar barreras comerciales. Al mismo tiempo, la ausencia de EE.UU. en la UNCTAD reduce el financiamiento y la capacidad de incidencia en debates sobre desarrollo inclusivo y sostenibilidad.
Voces profesionales
El capitán Oscar Benito Cortessi, especialista en logística y arbitraje marítimo, sintetizó el impacto con una frase contundente: “Esta decisión marca el fin de una era de multilateralismo comercial liderado por EE.UU., transitando hacia un modelo más fragmentado y unilateral que genera incertidumbre para los profesionales del comercio y líderes empresariales a nivel mundial.”
Su testimonio confirma que la crisis no es abstracta: afecta directamente a quienes operan en comercio exterior y logística. La incertidumbre se traduce en costos, riesgos y pérdida de previsibilidad para empresas y profesionales. Aún más expeditiva con su opinión fue la analista Jimena Ortiz, quien señaló en El Economista: “La posible salida de Estados Unidos de la OMC tendría implicaciones monumentales para el sistema comercial global.”
Cronología del bloqueo
- 2017: EE.UU. comienza a bloquear la designación de jueces en el Órgano de Apelación.
- 2019: el órgano queda sin quórum y se paralizan las apelaciones.
- 2020–2024: más de 70 intentos de relanzar el proceso fracasan por el veto estadounidense.
- 2025: la crisis continúa, con más de 30 disputas comerciales en suspenso.
La cronología muestra que el bloqueo no es coyuntural, sino una política sostenida que erosiona el sistema multilateral.
El accionar estadounidense es claro:
- Salir de la UNCTAD.
- Bloquear la joya de la corona de la OMC (Organo de Apelación).
- Apoyar a una directora general que no lo confronta.
El resultado es un multilateralismo de baja intensidad, administrado por Washington para que las instituciones existan, pero no funcionen plenamente. Una fachada que preserva la narrativa global mientras habilita la unilateralidad.
La pregunta que queda abierta es si el resto del mundo aceptará este juego o si buscará construir un nuevo equilibrio de poder. En cualquier caso, la era del multilateralismo liderado por EE.UU. parece haber llegado a su fin.
Director en Confluencia Portuaria

