
Tal como informamos en nuestra nota del 6 de junio, el caso del AZRA C simbolizaba la crisis global de marinos varados. Tras diez meses de abandono, finalmente los cuatro tripulantes indios fueron evacuados el 8 de junio por orden del Ministerio de Transporte e Infraestructura de Turquía, con apoyo de la Autoridad de Seguridad Costera y coordinación consular india.
La presión internacional
La liberación fue el resultado de una campaña sostenida de la Federación Internacional de los Trabajadores del Transporte (ITF) y de medios internacionales que visibilizaron la situación. Selahattin Polat, representante de la ITF en Turquía, declaró a AFP: “La dificultad que atravesaba la tripulación ha llegado a su fin”. La intervención diplomática de India y la decisión política del ministro Abdulkadir Uraloğlu terminaron de destrabar un conflicto que se había prolongado más allá de lo razonable.
Una crisis prolongada
El AZRA C, con bandera de Mongolia, había quedado fondeado en el Mar de Mármara tras la detención de sus propietarios en una operación antidrogas. En agosto de 2025 se detectaron más de 50 deficiencias técnicas y la OIT lo clasificó como buque abandonado. La mayoría de la tripulación fue repatriada en marzo de 2026, pero cuatro marinos indios debieron permanecer a bordo por exigencias legales. La situación se convirtió en un símbolo de la fragilidad de los mecanismos internacionales de protección laboral en el sector marítimo.
Dimensión global
El caso no es aislado. Según la ITF, 2025 fue el peor año en la historia reciente, con 410 buques abandonados y 6.233 tripulantes afectados, siendo los indios los más perjudicados. Turquía encabezó la lista con 61 casos, y en lo que va de 2026 ya se contabilizan más de 150 nuevos abandonos. La repatriación de los marinos del AZRA C pone de relieve la necesidad de protocolos más ágiles y efectivos para evitar que la suerte de los tripulantes dependa de la presión mediática o diplomática.
La liberación de los cuatro marinos indios marca un desenlace positivo, pero también expone las debilidades de la gobernanza marítima internacional. La trazabilidad de los compromisos estatales y la sostenibilidad de las condiciones laborales deben convertirse en ejes estratégicos para que la esperanza de los tripulantes no dependa de la visibilidad pública de su tragedia.
Por: Redacción

